Cuando dos novios firman el contrato matrimonial, decimos: “Fueron hechos el uno para el otro;” o decimos: ”Este es un matrimonio hecho en el cielo;” o decimos: “Estos pájaros de un ala ya vuelan juntos”; o decimos: “Estas dos almas gemelas ya están fraguadas para siempre.”
Sin embargo, como el Señor nos ha hecho a todos diferentes, el matrimonio es mejor definirlo como el enlace de dos extraños para vivir juntos íntimamente en una relación de por vida.
Cuando la pareja se encuentra por primera vez, en conversación comienza a identificar cosas de interés que tienen en común. Inclusive, encuentran similaridad donde no la hay. Esto, desde luego, no es más que acciones amables impulsadas por su atracción mutua.
Más aun, es posible que ellos ni estén al tanto de sus diferencias. Muchas parejas firman su contrato matrimonial en tales circunstancias. Y pronto lo que al parecer era todo mutualidad desaparece y la relación se convierte en todo lo contrario. Frecuentemente tal condición indeseable es resuelta mediante el divorcio. Francamente, muchos matrimonios nunca debieron haber tenido lugar debido a las obvias diferencias de los novios.
Por otra parte, muchos otros matrimonios en desavenencias pudieran haberse salvado si la pareja se hubiera dispuesto a limar asperezas con la ayuda de un consejero matrimonial para sanar sus relaciones y vivir juntos en paz y armonía
Esta discusión nos lleva a preguntarnos: ¿Qué podrían hacer los novios para determinar si acaso deben o no casarse? Y también: ¿Qué podrían hacer las parejas recién casadas para mantener y superar sus relaciones? Propongo lo siguiente:
Primero, es importante que cada novio reconozca que viene al matrimonio de un hogar diferente al del otro, porque pese al parecido de cada hogar, las diferencias son enormes. Las costumbres difieren de familia a familia. Cada familia tiene peculiaridades y sutilezas imperceptibles a los de afuera, que solamente salen a relucir cuando las relaciones son íntimas. Es una forma de vida exclusiva que cada persona aporta al matrimonio que requiere mucho entendimiento y comprensión. Él deberá ser tan sensitivo a ella como ella a él.
Segundo, lo mencionado hasta ahora indica claramente que es de importancia máxima definir las mutualidades en el casamiento más allá de la atracción física y el enamoramiento. Mutualidad en una pareja es su alto nivel de afinidad, incluyendo lo físico, lo intelectual, lo emotivo y lo espiritual. A ambas personas en las conferencias pre-matrimoniales se les observa pensando, sintiendo y creyendo en forma diferente. Aquí la primera regla a establecer es respeto mutuo, comprensión y aceptación de la perspectiva de la otra persona.
¿Qué significa que dos se conviertan en uno en el matrimonio? Esto significa que aunque las dos personas casadas retienen sus propias personalidades, su casamiento para vivir juntos por el resto de sus vidas les confiere un estado superior para vivir en un plano aun mucho más alto. Este nuevo estado trasciende todas las preferencias que cada persona consideraba importante en su vida de soltero. Ahora es responsabilidad de ambos ocuparse con ahínco en honrar y preservar la unión.
COMO DOS SE CONVIERTEN EN UNO By J.C.Cordova, D.Min., LCSW